Por Nicolás Sanz

 

El Gobierno no tiene grandes trucos para llevar adelante la negociación de la deuda con el Fondo Monetario Internacional, por tanto, lo que se intentará desde ahora será el viejo truco de la victimización.

La semana pasada, la directora adjunta del Departamento del Hemisferio Occidental del organismo, Julie Kozack, y el jefe de la misión para la Argentina, Luis Cubeddu, se reunieron con los ministros de Producción, Matías Kulfas, de Desarrollo Social, Daniel Arroyo y de Economía Martín Guzmán.

Esta semana que comienza se reunirán a su vez con el Presidente del Banco Central Miguel Pesce y con la titular de la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP), Mercedes Marcó del Pont y probablemente también se junten con el ministro de Salud Ginés González García.

La estrategia de quienes ya estuvieron con la misión del fondo y de quienes tendrán la posibilidad de charlar esta semana, es la misma que el Gobierno viene patrocinando desde el primer momento: aseverar que existe una crisis en sus respectivas áreas, ergo, victimizarse frente al Fondo.

Básicamente se trata de convencer al FMI que no se puede seguir ajustando y que necesitan reperfilar los pagos e intentar lograr una quita de la deuda, esto último ya lo dejó en claro la titular del organismo, Kristalina Georgieva, no sucederá.

En ese sentido, muchos podrían preguntarse por qué desde el Fondo no se exhorta a reducir el gasto público y, sobre todo, a achicar el faraónico Estado.

Ningún organismo internacional económico lo ha hecho y la razón es más sencilla de lo que se cree, Ni al Banco Interamericano de Desarrollo, ni al Banco Mundial, ni al Fondo Monetario Internacional, ni a ninguno de los órganos prestamistas les conviene que Argentina esté en una situación fiscal estable.

Ello está directamente relacionado con la necesidad de que un país insano económicamente pida préstamos en forma constante con el objetivo de lograr un incremento monetario de los mismos. Incluso es necesario destacar que de no existir países con economías frágiles, estas entidades no tendrían sentido de existencia.

No obstante ello, la reducción del personal gubernamental parece ser el único ajuste necesario para lograr que la situación fiscal sea sostenible, de lo contrario, sistemáticamente, la deuda seguirá acrecentándose.

Al momento de conseguir préstamos, la fiesta se seguirá pagando y no será necesario reducir el Estado, el problema será cuando haya que pagar la deuda tomada, algo a lo que la Argentina históricamente se resistió lo mayor posible.

No parece estar en los planes del Gobierno achicar el gasto (Más allá de los más de 5 mil millones de pesos por mes que se ahorra por el recorte a las jubilaciones), por el contrario, siguen creándose áreas y puestos para los “amigos” y militantes.

Alguna vez, quien escribe estas líneas leyó en algún lado que ningún Gobierno va a cerrar áreas de trabajo creadas por otro y que ello sea probablemente lo más cercano que se pueda conocer a la inmortalidad. Una verdad nunca fue mejor dicha.